La pequeña ventana

Retrepado en el sillón giratorio de su oficina, con los pies sobre la caja de cartón en la que había guardado sus escasas pertenencias, miraba a través del pequeño hueco de su ventana –casi una tronera– cubierta por una espesa capa de polvo adherido, fruto de la falta de limpieza que desde hacía largos meses era una tónica de su entorno. El no ganar un céntimo tenía esas cosas. La señora de la limpieza, pese a su buen corazón, dejó de acudir. Tengo cinco bocas que alimentar –le dijo–. Él no tenía ninguna. Ya no. Su mujer se había marchado con las dos niñas, harta de llevar años creyéndole cuando él le decía que todo iba a mejorar. Al menos, consciente de la propia imposibilidad material de afrontar cualquier carga, ella le había liberado de abonarle ninguna pensión. Se había colocado en un supermercado –tenía entendido- y sobrevivía como podía. Aquel hueco de la ventana le proporcionaba una visión muy parecida a la de su propia vida: melancólica y oscura. Hoy, probablemente vendría de nuevo la comisión judicial a ejecutar el lanzamiento (ya llevaba más de un año sin pagar la renta). Debió hacer caso a su familia, cuando le recomendaron que estudiase una carrera con futuro, en vez de esa estúpida quimera de convertirse en detective privado, que siempre persiguió, fruto –pensaban sus padres—de la voraz lectura  de toda novela negra que caía en sus manos y que –como decía su hermana—le auguraba un destino como el que al Quijote depararon los libros de caballerías. No hizo caso. Ahora pues, no era un brillante ejecutivo con master en el currículo. No tenía un chalé adosado. No tenía un coche de alta gama esperándole en el parking. No salía los viernes a cenar. No acudía los sábados a tomar paella con sus padres. Tampoco desarrollaba su trabajo en un magnífico edificio del centro, con grandes cristaleras en la fachada, en el que pasar diez horas diarias reportando a un jefe,  que a su vez reportaba a otro… Sonrió. Hacía meses que no lo hacía. Sacó un trapo de uno de los cajones, trazó varios círculos concéntricos sobre el cristal de la pequeña ventana y tras ella vio el parque al que no prestaba atención desde que llegó a aquel lugar. Se adivinaba, tras un frondoso sauce, un banco soleado con aspecto agradable. No parecía un mal sitio para dejar pasar el tiempo …

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5 respuestas a La pequeña ventana

  1. enrique bardisa dijo:

    Como os gusta deprimir al personal

  2. Este relato me ha sorprendido y gustado mucho. Has empleado descripciones, y sentimientos, podría ser el comienzo de una novela, con mil posibilidades. El banco del parque, algún hecho que haga dar un giro a la historia; el requerimiento de información de la policía, una llamada, una chica misteriosa de pelo rubio, envuelta en una gabardina, fumando.

  3. Jose dijo:

    sin coña, esto lo has escrito tu a pelo?? Es muy bueno. A mi me recuerda a alguien que queria ser detective

  4. Jose dijo:

    parece que he usado alguna palabra sospechosa y mi comentario esta pendiente de moderacion. lo reescribo sin palabras “malsonantes”: fuera de bromas, esto lo has escrito tu solito? Es muy bueno. A mi me recuerda a alguien que conozco hace muchos años y queria ser detective

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