Macadán

Sobre la famosa entrevista de Hendaya que se produjo el 23 de octubre de 1940 entre Franco y Hitler (junto con Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores alemán y los traductores, Gross y el barón de las Torres, entre otros), se cuentan muchas historias diferentes. Básicamente existen dos versiones encontradas, según las cuales: a) Franco fue prudente y se negó a apoyar a Hitler, evitándonos la entrada en la II guerra mundial, aunque esto es hagiografía y b) la más plausible, según la cual el hecho de no haber entrado de cabeza en la segunda guerra mundial, no fue más que fruto de la concentración que Hiltler debía mantener en otros temas, para él más urgentes que los que Franco le proponía. Así, pese  a que el motivo de la reunión fue que Hitler prentendía que España dejase a un lado su posición neutral y entrase en guerra como compensación por la ayuda prestada – hombres y material militar –  durante la Guerra Civil española,  Franco no se limitó a decir amén, sino que, una vez espetada la frase: “No necesito decirle cuán grande es mi deseo de no permanecer lejano a sus preocupaciones y cuánta sería mi satisfacción por rendirle en cualquier ocasión los servicios que le parezcan más valiosos”, le dijo a Hitler que para entrar ( pues estaba convencido de la victoria alemana y apostaba a caballo ganador, dejando de lado su neutralidad) quería Gibraltar y las colonias francesas del Norte de África (Marruecos, Orán…), y no sólo eso, sino los medios materiales que se necesitaran al efecto. Huelga decir que a Hitler, en cierto momento de la conversación, se le inflamaron las partes pudendas y le soltó a Franco: “Si no entras en guerra a mi lado inmediatamente mis tanques pueden ocupar España en dos semanas”. Tan pronto Franco vio esfumarse sus pretensiones, al menos supo responder de acuerdo a la bravata del otro dictador y le contestó: “¿En dos semanas? ¡No sabes tú cómo están las carreteras de España para tomarla en dos semanas!”. Y es que, lo que parece una salida jocosa, no es más que la pura realidad: la mayor parte de las carreteras de la época eran de macadán (varias capas de piedras compactadas con un rodillo, sin asfalto y diseñadas para el tránsito de vehículos de tracción animal, que debe su nombre al ingeniero de caminos escocés John Loudon Mac Adam que comenzó a utilizarlo en 1820) por lo que los tanques de Hitler no hubieran llegado a la vuelta de la esquina.

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Una respuesta a Macadán

  1. quiebrayugos dijo:

    Me gustó lo de las bravatas de los dictadores. Hay unos aprendices acá en Sudamérica… dictadores “maquillados” que apensas aguantan a la democracia.

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